Blogia
si es amor que sea de cine

EL AMOR ENTRE NOSOTROS: HUMANOS NO IDEALES

Francisco Garzón Céspedes (Cuba/España)
.
.
El surgimiento del amor entre personas de distintos países, como sabemos generalizadamente, es posible. Y debería ser deseable. En el otro extremo, el que la construcción del amor entre seres humanos de diferentes idiosincrasias es casi un imposible en armonía. Y la armonía es esencial para la cuota de felicidad alcanzable por instantes. Un derecho y casi un deber tan necesarios: la felicidad, el ser felices. A veces pienso con fuerza que sólo habría que vivir permanentemente en el propio país (por más que en el tiempo tanto se llegue a amar ese otro país en el que se habita). Que sólo habría que amar a una persona de nuestra misma idiosincrasia. Que los complejos procesos de vivir y de amar en otro país pueden resultar demasiados laberínticos e inarmónicos, demasiado dolorosos, demasiados desgarradores, y todo esto demasiadas y continuas veces. Y, sin embargo, concluya lo que concluya, conclúyase lo que conclúyase, todo lo señalado seguirá ocurriendo, y así será para siempre y algunas veces será hermoso y mejorará el amor en todo el planeta. En lo que a mí respecta no sólo he tenido suerte sino que he puesto todos mis empeños. Grandiosos el experimentado Sergio Castellito y la novísima Tai Ling en La estrella ausente[1] (2006), historia sobre la diferencia de cultura y sus desencuentros y entretelones, y también sobre sus encuentros; y, tanto, historia acerca de un hombre bueno, amoroso de su trabajo y empecinado en cuanto a accionar en conciencia enfrentando dificultades tras dificultades. No obstante ser ejemplar lo narrado en cuanto a un ser humano justo ejemplar (que no perfecto), la credibilidad se reciente por prejuicios o subestimaciones respecto al Oriente (y a más) como en la escena que cuenta lo que ocurre finalmente con la pieza perfeccionada llevada por el ingeniero italiano Vincenzo hasta una fábrica de la remota China adonde ha ido a parar el alto horno adquirido por unos ejecutivos chinos en Italia (ese fragmento debió finalizar con el obrero chino yendo en bicicleta hacia la fábrica con el maletín hasta entonces del ingeniero, y dentro…). Una lástima porque la película como totalidad y en mucho es de lo excepcional a todos los niveles. Y porque deviene un testimonio de vivencias, de costumbres, de procesos, de modos de ser. Considero que más que narrar un viaje de redención –como se ha afirmado–, narra un viaje por pasión en relación al trabajo y a la investigación, al perfeccionamiento técnico, uno por compromiso y por conciencia, y de allí que no se cuente que el personaje pretende redimirse de esto, eso o aquello. Sólo que este ángulo de visión podría requerir miradas de idéntica capacidad de compromiso en cuanto al quehacer. El punto culminante, el llanto de Vincenzo (magistral Sergio Castellito, como en otras películas, no olvidar la potente y conmovedora No te muevas /2004/ que dirigió y actuó –y donde está inigualable Penélope Cruz–), no considero que es de redención sino de comprensión, de conciencia del otro, y de autocrítica, así como de temor por haber perdido el posible amor en sus preámbulos mismos. El amor entre nosotros: humanos no ideales es una carrera de obstáculos visibles e invisibles, que no define otra meta que no sea el propio empecinado correr de cada quien de la pareja en paralelos que buscan convergencias y van sumándolas con hechos y testimonios de la propia vida tanto sumada como restada, dividida, multiplicada.
.
.

[1] La estrella ausente (La stella che non c’è, Italia, 2006, coproducción Italia-Francia-Suiza-Singapur, drama /melodrama/, color, 103 minutos). Director: Gianni Amelio. Guión: Gianni Amelio, Umberto Contarello (sobre novela de Ermanno Rea). Con: Sergio Castellito, Tai Ling. Fotografía: Luca Bigazzi. Música: Franco Piersanti. Con nominaciones y varios premios, entre otros Festivales, en Venecia.






¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres
¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres

0 comentarios

¿Y esta publicidad? Puedes eliminarla si quieres