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si es amor que sea de cine

Comentario con poema incluido

SEIS MELODRAMAS DONDE EL AMOR MUERDE

Francisco Garzón Céspedes 

 

Dentro de un ciclo de melodramas norteamericanos más amplio que me he programado en este Julio, en los últimos seis días he visto por primera vez o vuelto a ver igual número de películas de los años cincuenta y sesenta: de las primeras: Anastasia (diferente a las otras por su carácter pretendidamente histórico), La noche de la iguana, Mesas separadas, Un tranvía llamado deseo; de las segundas: En la mitad de la noche (Medianoche pasional), Verano y humo. Todos estos filmes son versiones cinematográficas de melodramas teatrales, y tres en específico de obras de Tennessee Williams: La noche de la iguana, Un tranvía llamado deseo y Verano y humo. Cinco de los originales fueron escritos en inglés y sólo uno en francés: Anastasia. Los, tantas veces excepcionales, melodramas de los cincuenta fueron esencia de mi educación sentimental en la niñez, y, hasta el día de hoy siguen nutriéndome y ayudándome a comprender la complejidad de las relaciones humanas, y, mucho, de las amorosas. Porque sí, mayoritariamente los melodramas giran en torno al amor, a la pareja, a las interacciones humanas más íntimas, aunque, desde luego involucran otros muchos temas: los vínculos y dinámicas familiares y sus deformaciones, la enfermedad, la vejez, la muerte… En todos los casos, en estas seis películas hay cuando menos una dirección notable, y, en dos, sobresaliente Mesas separadas y Un tranvía llamado deseo, y en una descomunal La noche de la iguana (John Ford). También en todos los casos las actuaciones son sobresalientes. Aunque yo distinguiría, en las femeninas protagónicas o co-protagónicas, las de: Deborah Kerr en La noche de la iguana y Mesas separadas, donde también la de Rita Hayworth, Geraldine Page en Verano y humo, Kim Novak en Medianoche pasional, Helen Hayes en Anastasia y Kim Hunter en Un tranvía llamado deseo, y las secundarias de Gladys Cooper en Mesas separadas, y Una Merkel en Verano y humo, sin desdeñar otras alabadas por la crítica y hasta premiadas con un Oscar (esto igual para los hombres). Y distinguiría, en las masculinas protagónicas, las de Richard Burton en La noche de la iguana, Marlon Brando en Un tranvía llamado deseo, Fredric March en Medianoche pasional y el Laurence Harvey del final de Verano y humo, y las secundarias de Karl Malden en Un tranvía llamado deseo y Cyril Delevanti en La noche de la iguana (que incluye un poema grandioso en la voz de este actor). Y, no obstante que recomiendo encarecidamente ver las seis películas, las que mejor han resistido en mi opinión el paso del tiempo, o al menos el paso de mi tiempo, son: La noche de la iguana y Medianoche pasional. Y el momento cumbre, uno de La noche de la iguana: la conversación de los personajes de Deborah Kerr y Richard Burton cuando éste, borracho, está amarrado a una hamaca. Toda una lección de sabiduría sin límite de interés temporal. En cuanto a Medianoche pasional es uno de los melodramas que con más valentía encara la tragedia de envejecer y la del desencuentro en el tiempo (la diferencia abismal entre la edad de los amantes); tragedias –que no melodramas– que la sociedad hasta hoy prefiere no encarar en la cotidianeidad ni casi en ninguna otra esfera, y desde luego no en cuanto al horror que involucran, no en profundidad. Estos melodramas me llevan a  recordar mi verso que expresa: “el as de corazones muerde su insegura verdad sobre la mesa”, así en todos ellos el amor de pareja.   

 

(1) En la mitad de la noche / Medianoche pasional (Middle of the Night, EE.UU.,Columbia Pictures, 1959, blanco y negro, 113 minutos). Director: Delbert Mann. Guión: Paddy Chayefsky, basado en la obra teatral de Joshua Logan. Protagonistas: Kim Novak, Fredric March. Destacan además: Glenda Farrell, Albert Dekker, Martin Balsam y Lee Grant, e interviene con acierto Lee Philiphs. Fotografía: Joseph C. Brunt.  Música: George Bassman. Nominada a la Palma de Oro como mejor película en el Festival de Cannes de 1959. En España puede encontrarse en DVD. Con Kim Novak no perderse el melodrama Un extraño en mi vida (en otros países: Vecinos y amantes).

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NO DEBIÉRAMOS MORIR POR AMOR SI ES POSIBLE VIVIR PARA AMAR

Francisco Garzón Céspedes (Cuba/España)
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Todo amor debe ser salvado, escribí y difundí hace veinticinco años o más. Debo reconocer que el cine con argumentos de mujeres que aman a mujeres no está en el centro de mis búsquedas. Ha sido casual que viera Aimee and Jaguar[1], y la razón primera de que escriba sobre esta película tiene que ver con que su tema es el del amor de pareja. Y con que la historia es la de un gran amor, uno especialmente complejo porque a la diferencia en la elección sexual se une el que trata, primordialmente, de la relación entre una alemana (casada con un militar destinado al frente, madre de cuatro hijos, y hasta entonces heterosexual con amantes) y una judía alemana (que debe huir si quiere salvar su existencia, y que intenta sentirse todo lo viva y libre que las circunstancias le permiten). Relación en medio de los bombardeos aliados a Berlín de finales de la Segunda Guerra Mundial, entre mucho más que puede inferirse de inmediato enmarca –y mucho el secreto y sus ocultamientos– el torrente que es narrado, desbordante de deslumbramiento, deseo, pasión, ternura, cariño, obsesión. La razón decisiva, sin embargo, para que escriba este comentario es, quizás nuevamente, la necesidad de que razón y sentimientos encuentren siempre los mejores equilibrios, aquellos que más positivamente preserven lo esencial, como es, por ejemplo, la existencia misma. Y que se unan razón y sentimientos en pos de priorizar al otro en la relación de amor, justo porque eso es amar. En ocasiones las decisiones menos románticas pueden ser las más amorosas, y serán un triunfo de la lucidez, aunque tal vez un triunfo doloroso y amargo de una sobrevivencia que contempla tanto presente como futuro. Se ha escrito que el lema de este film es: “El amor trasciende la muerte” o “Un amor más grande que la muerte”, lo que me lleva a recordar un poema que escribí y publiqué hace décadas sin negar por ello el título de este comentario: EL AMOR TRASCIENDE, INAUGURA / el amor está más acá de la vida y de la muerte / si por ser consecuente la muerte lo alcanza / el amor vale más que la vida / y es que de vida / el amor / trasciende la muerte / la inaugura
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[1] Aimee y Jaguar (Aimee & Jaguar, Alemania, 1999, color) Director: Max Färberböck. Guionistas: Max Färberböck, Rona Munro, sobre el libro de la periodista estadounidense Erica Fisher, con la colaboración de Charles Brady, investigador del Holocausto, crónica de la vida real de Lilly Wust (Aimee) y Felice Schragenheim (Jaguar). Protagonistas: Maria Schrader (Felice), Juliane Köhler (Lilly), Johanna Wokalek (Ilse). Música: Jan Kaczmarek / AP. La película fue nominada y ganó varios premios alemanes, también estuvo nominada al Globo de Oro como mejor película extranjera, y Maria Schrader fue galardonada con el Oso de Plata a la mejor actriz en el Festival Internacional de Cine de Berlín (personalmente yo prefiero la actuación de Juliane Köhler, aunque el trabajo de Maria es excelente). En España puede conseguirse en DVD.

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