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si es amor que sea de cine

EL AMOR ES LA CLAVE

Francisco Garzón Céspedes (Cuba/España)

Este no es un espacio para la crítica de cine. Ya lo he afirmado, y en efecto no lo es. Es lo que su nombre indica. Por eso al referirme ahora a Adiós, pequeña, adiós[1] (Gone Baby Gone) no voy a escribir centrándome en sus excelencias humanas, sociales, narrativas, cinematográficas, todas indiscutibles; ni escribiré en extenso del magnífico thriller que resulta, de un giro sorprendente a otro aún más sorprendente; ni del Premio de la National Board of Review y del Premio del Círculo de Críticos de New York como mejor actriz de reparto para Amy Ryan (ni de las nominaciones de esta actriz por su papel al Oscar y al Globo de Oro), aunque ella muestra una gama expresiva, que pareciera sin límites, sólidamente sustentada desde adentro. Tampoco voy a escribir del amor en general, ni del desamor, que atraviesan de un extremo al otro el film.

De lo que voy a escribir: Es del amor de la pareja, del amor entre sí de los protagonistas, dos jóvenes detectives privados, que viven y trabajan juntos queriéndose, caracterizados por Casey Affleck y Michelle Monaghan, actores que despliegan una credibilidad y una química entre ellos que son dos de los patrones fundamentales de esta película. De lo que voy a escribir: Es del sitio permanente que debiera ocupar la ética dentro de la condición humana. Y del compromiso respecto a lo correcto y lo incorrecto, y de lo correcto e incorrecto en sí. Y de cómo la decisión sobre lo correcto no puede existir, cuando afecta a otros, sin priorizar los intereses reales de los otros, los objetivamente más bienhechores, por encima de nuestra formación y de la opinión pública más generalizada. Capacidad de análisis, sentido común, valoración de la situación específica, asunción del riesgo interior, entre tanto más, lucidez en suma al examinar y concluir.

La novela del reconocido Dennis Lehane (autor de Mystic River, de la que Clint Eastwood hizo otra de sus obras maestras), de quien he leído con fervor otros textos, es no sólo el punto de partida sino el eje con sus rotaciones e irradiaciones porque la historia original tiene una enorme presencia en el film, gracias en mucho al sobresaliente trabajo como director de Ben Affleck, y como guionista junto a Aaron Stockard, y a la par, también a sus vivencias (nació y creció en la ciudad: Boston) y a su conciencia social. Todo determinante para esta historia enraizada en un barrio depauperado. Novela y película, sobre el secuestro de una niña de cuatro años, y sus causas y razones, son mucho más que la historia principal de amor de pareja contenida en sus marcos, y, sin embargo, es en esta relación, en cómo cada uno de los dos detectives concibe lo correcto y lo incorrecto, lo ético, en cómo los afecta y en sus decisiones y consecuencias, donde mejor se percibe el significado, el mensaje real de la película.

Un mensaje el de Adiós, pequeña, adiós, que no sé si es el que el director al hablar de la película define al ser entrevistado, y que, desde luego, no es el que mayoritariamente define la crítica y el público según he alcanzado a leer, porque si el detective hubiera hecho lo correcto el final no sería el que es, la película no terminaría justo en ese punto del protagonista, de la relación de amor y de la situación que comparte.

El protagonista, más allá de sus buenas intenciones, termina por ser ejemplo del peor de los individualismos: el que elige quedar bien con los valores de su propia conciencia, cuando estos deben saltarse los estereotipos, y establecer nuevas valoraciones; el que elige hacer aquello que socialmente se considera lo correcto aunque todo manifiesta que en ese caso sería lo incorrecto. El que, de hecho, lo que elige es priorizarse.

Lo correcto no es sino lo que la razón determina en términos de humanidad. Y eso debe ser juzgado lúcidamente, más allá de esquemas y de postulados generales, en su excepcionalidad misma. El detective al tener que decidir sobre vida, sobre vidas, y relaciones, y presente y posible futuro, se equivoca en su elección. Y eso es lo que termina por patentar la película. Y por eso Ángela, el personaje de Michele Monaghan… Todos aceptamos que no puedo revelar el argumento: Sería un acto de individualismo.

El amor reinaugura los principios.

El amor es clave de principios.

 

[1] Adiós, pequeña, adiós (Gone Baby Gone, EE.UU., Miramax Films / The Ladd Company / LivePlanet, 2007, 114 minutos, color). Director: Ben Affleck. Guionistas: Ben Affleck, Aaron Stockard (sobre novela de Dennis Lehane). Protagonistas: Casey Affleck, Michelle Monaghan. Destacan también: ante todo Amy Ryan y Ed Harris, casi a la par Morgan Freeman, y, con menos tiempo en la historia, el tantas veces eficaz John Ashton, junto a todo un elenco de innegable altura. Fotografía: John Toll. Música: Harry Gregson-Williams.

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